Zoé sonrió emocionada al ver los caballos, pues con su boleto en la mano, que pagó Carl al menos podía disfrutar de ese momento en el hipódromo. Gritó llena de emoción y no le importó verse como camionero, solo quiso ser feliz. Se lo merecía, nadie más que ella merecía ser feliz. Vio la fila de caballos y el suyo tomó la delantera, sacando toda la alegría que para uno de los espectadores representó la confusión de no desear dejar de verla. Se inclinó, pidiendo que llegara, pero al final otro le ganó por una minúscula parte. La decepción la hizo hacer una mueca que hizo reír a Rafael, mientras bajó la mirada. Carl se decía experto en caballos, pero en realidad, nunca le atinó a ninguno. Solo quienes asistieron con él a lugares así lo sabían, pero con las mujeres era el método que má

