Así, bajo el agua caliente, Heinz dejó que sus pensamientos vagaran. Recordaba cada detalle del rostro de Ha-na, cómo sus labios habían temblado al final, cómo su voz había denotado una leve inseguridad. Eso le gustaba, porque le indicaba que había algo dentro de ella que aún no entendía del todo, algo que él podría descubrir con el tiempo. Había una vulnerabilidad en su fortaleza, una contradicción que lo atraía. Pero también había límites, lo sabía. No podía empujar demasiado rápido. Podía sentir que ella estaba en un conflicto interno, uno que requería tiempo para resolverse. El deseo de Heinz era fuerte, pero su capacidad para controlarlo lo era más. No quería que ella huyera, no después de todo lo que había avanzado. Cuando salió de la ducha y se sentó a la mesa para comer, el silen

