Ha-na era una novia abandonada, dejada en el altar por un hombre que nunca la quiso. Y ahora, otro hombre, uno que apenas conocía, le exigía algo que no estaba dispuesta a dar. Se sentía traicionada, humillada, como si todos los hombres en su vida se hubieran confabulado para destruirla. El vestido blanco, que alguna vez había sido símbolo de una promesa de amor, ahora se sentía como una carga. Cada paso que daba hacía que el satén y la tela pesada se pegaran a su piel húmeda por el sudor. El calor era insoportable, pero Ha-na apenas podía concentrarse en eso. Su mente estaba nublada por pensamientos de desesperación y confusión. "¿Cómo fue que llegué aquí?", se repetía una y otra vez, sin poder encontrar una respuesta clara. El sol quemaba su rostro, y al salir a la calle, notó cómo las

