No entiendo nada de lo que dicen estas personas cuando intercambian palabras entre ellos a través del radio que sostiene el copiloto que va armado, Massimiliano no hace más que pegar gritos al teléfono y el sujeto que maneja me ve de vez en vez por el retrovisor. Algo me dice que voy a pasarla realmente mal, mi celular no deja de vibrar y tengo la pantalla contra mis piernas para que nadie note que es mi marido quien trata de ubicarme desesperado por la forma tan abrupta de cortar la videollamada. De saberse, el italiano es capaz de contestar para joderme la vida. Y no quiero arruinar mi matrimonio que a duras penas está saliendo a flote. No tengo escape ni opciones, es esto sí o sí, y ni siquiera sé a dónde voy ni lo que harán conmigo. Y es que no tiene mucho sentido que me hayan traido

