Trago saliva. Ni respiro. No veo nada y dependo de mi audición únicamente cuando me ata las manos de la cama para dejarme inmóvil. Estoy a su merced y es emocionante. —A ver si cuando regreses a tu pueblo de mierda tienes las agallas de seguir con la mentira —Suelta. Lo siento subirse a la cama y me muerdo la boca esperando que termine de acercarse. —¿Cuál se supone que es la mentira? Me acaricia la v****a con sus dedos, los cuales inserta al ver la libertad que le genera mi lubricación. Jadeo. —Y todavía tienes el descaro de preguntar. Inicia el saqueo y me arqueo con la masturbación frenética que desata, la cual arrasa con cualquier pizca de remordimiento que pueda esconder en lo más recondito de mi alma. No pienso en nada. Soy una mujer que disfruta de su vida s****l, no puedo

