—Hey —Atrapa mi brazo antes de que pueda recoger la ropa del suelo. Quiero llorar—. ¿Qué tienes en los brazos? Mierda. Es que no tengo el maldito cerebro en funcionamiento o qué. Sale de la cama para encender la luz, repentinamente la borrachera se le ha ido pasando y actúa un poco más normal. El cuarto se ilumina y Nader me da la vuelta, observando los hematomas que me adornan casi toda la piel. Estoy caída. Caída con los kilos. Caída en la mierda. —¿Lo hice... lo hice yo? ¿Tan rápido se hacen morados? ¿Qué? No digo nada, trato de leer la mirada de impresión que me da, sintiendo pena. —Mi amor, perdóname, no fue mi intención ¿Te duele? Niego. —Lo siento mucho —Y me abraza. No puedo negar que me duele y avergüenza verlo así, tan ingenuo y dulce, pidiendo perdón por algo que no

