MASSIMILIANO BENEDETTI Nunca me es suficiente. Una mala costumbre tal vez, querer dominar todo lo que me rodea, poseer lo que sé que es difícil de alcanzar pero sé que puedo tomar. Caminar al borde de la muerte retando a quienes tienen escalones por encima de mí apuntando con sus rifles cualquier paso en falso mío, aclarando las mirillas cuando avanzó con mi cerebro veloz, armando bases mentales que me permiten sacar las cartas que derrumban reinos enteros. No hay enemigos pequeños dice la gente, pero es que yo soy demasiado grande y los contrincantes se me hacen diminutos. Imposible temerle al peligro cuando se es la maldad. Jean Paul Viuly tiene un copa de vino servida desde que se sentó hace media hora, lo considero el segundo traficante más talentoso después de mí. Tiene contactos

