Abro mis ojos, intento adaptarme a la luz que se cuela por el ventanal, suelto un leve suspiro al recordar la noche de ayer, me siento fatal, tengo muchas ganas de llorar, de buscar un barranco y lanzarme para acabar de una buena vez con esto, pero no puedo. Tengo que pensar en mi hijo en lo que equivale dejarlo solo, y mucho mas ahora que solo me tiene a mí. Me levanto cansada y un poco desvelada por la pésima noche de ayer, relamo mis labios secos y busco algo con que cubrirme, pero al ver el vestido blanco en el suelo me niego a ponérmelo, por lo que decido mejor enrollar el cobertor de la cama , pero me sorprendo al ver una ramo de rosas fucsias, del otro lado del colchón. Estiro mis brazos y tomo con mis manos temblorosas la tarjeta blanca que posa cerca de ellas. La abro para leer

