El tiempo transcurre como el fuego y la leña, me siento como un ave fenix, renaciendo cada día que pasa. Ya no soy la misma chica que fue casada y obligada amar a un hombre que estuvo dispuesto a todo por obtenerme. Tampoco soy la mujer que giraba sin parar con las punta de sus pies. Mi hijo, mi esposo y mi familia son todo para mi, y aria cualquier cosa por mantener firme y a salvo a las personas que amo, importándome muy poco arriesgarme por ellos. Camino por el enorme jardín, respirando aire fresco y viendo como Sahara juega con su hueso de hule. La tranquilidad se a vuelto mi trauma, ya que cuando hay mucho silencio siempre suele pasar algo. Estoy en la villa de España, hace un mes nos ataco el capo de las vegas buscando emanciparse con mi esposo por haber robado su cargamento hace

