[ZAED] El interior de la discoteca vibra al ritmo de la música. Las luces cambian constantemente de color, la gente baila completamente ajena al resto del mundo y, aun así, mi universo entero parece reducirse a la mujer que tengo entre los brazos. Nayra se mueve pegada a mí siguiendo el compás de la canción con una naturalidad desesperante. Cada roce de su cuerpo contra el mío consigue que el poco autocontrol que todavía me queda desaparezca un poco más. Y ella lo sabe. Claro que lo sabe. Siempre lo ha sabido. Levanta apenas la vista y me dedica esa sonrisa maliciosa que utiliza cada vez que descubre el efecto que provoca en mí. —Nayra... por favor... Mi voz apenas alcanza su oído entre el ruido de la música. Ella finge no entender. —¿Qué pasa? Su sonrisa se ensancha. —Creí que

