Nada serio Recuerdo que cuando era pequeña, mi padre siempre me mantenía en una burbuja de cristal, me protegía de todo y de todos con su control, y siempre tenía la última palabra. No me permitió expresar opiniones personales diferentes a las suyas. Debía enseñarme su verdad, y yo tenía que asimilarla exactamente como era, sin ningún cambio y ni alternativas. No permitía que me portara mal, así que no podía adentrarme en la búsqueda de un pensamiento personal o tomar la iniciativa; él me protegería del mundo exterior. Cada una de mis acciones, antes llevarlas a cabo, debía contar con su aprobación. Una bonita estatua modelada y forjada por él, según sus expectativas. Con cada mancha se borraba todo sin dejar rastro de halo, si algo no estaba permitido se castigaba severamente. No

