Contratiempos Pasó mucho tiempo antes de que mi herida sanara. Un día me encontré por casualidad con un hombre en el aeropuerto de Roma Fiumicino. Fue agradable estar a su lado, era un buen tipo. Llevaba vaqueros descoloridos, una camisa vintage, un cinturón tejano, una sudadera con cremallera y capucha, zapatillas de deporte; iba a visitar a su primo, yo iba de uniforme y me dirigía a Praga. Era gracioso con su modesta estatura, con las manos y los pies quizás demasiado pequeños; era un conocido desde hacía mucho tiempo, al que solo veía en breves encuentros ocasionales. Acostumbrada a su aburrida chaqueta y corbata, sin lugar a duda ese atuendo me pareció excéntrico. En cuanto me vio, se acercó hacia y me saludó con una gran sonrisa. —Hola, hace mucho tiempo que no nos veíamos. H

