Acorralado

1051 Palabras
Caminó de un lado a otro sin saber qué hacer porque, aunque quisiera negarlo, no tenía opciones. No si quería que aquello se mantuviera en secreto como siempre debió ser. Tomó su teléfono y llamó a la única persona en este mundo que podía ayudarlo a conseguir una solución a ese problema sin tener que ceder a los chantajes de la rata inescrupulosa que le envió el video. —Hola, Alec. —Rafael, tengo un problema gigante y necesito que vengas a mi casa de inmediato. —Nos vemos allá. Se sirvió otro trago y se quedó observando las gotas de agua que caían contra el cristal. No entendía en qué momento de su vida se había desviado del camino. Antes de conocer a Amanda era el Pirelli perfecto, pero ahora estaba tan lejos de serlo que hasta él mismo se desconocía. —Buenas noches —dijo el mejor amigo de Alec al entrar. Y ese fue el momento en el que sintió que no estaba solo con ese problema. Rafael, al ver la cara de preocupación de su amigo, se tensó. El gran Alec Pirelli, al que nada parecía afectarle, lucía completamente alterado. —Dime qué cagada te mandaste. Alec apretó la mandíbula antes de responder. —Temo que esta vez sí la embarré. Le tendió el teléfono a su amigo para que viera el video. La cara de Rafael cambió de inmediato. El impacto fue evidente porque conocía perfectamente a esa mujer y también a su marido. —¿Quién te envió esto? —Eso es justo lo que necesito saber. Entonces le contó absolutamente todo lo que había pasado durante el día hasta llegar al momento del chantaje. Rafael pasó una mano por su rostro. —Estás jodido, Alec. —Eso ya lo sé, Rafael. No te llamé para que me juzgaras, sino para que me ayudes a salir de este problema. Rafael tomó el teléfono y escribió un mensaje. “Soy el abogado del señor Pirelli y le comunico que lo que usted está haciendo está penado por la ley. Si valora su libertad y su vida elimine el archivo o, de lo contrario, me veré obligado a iniciar un proceso legal en su contra.” Alec no estaba seguro de que enviar ese mensaje hubiera sido una buena idea, pero en ese momento haría cualquier cosa para acabar con aquello. No paraba de observar el reloj sintiendo cómo el tiempo avanzaba lentamente hasta que el sonido de una notificación lo sorprendió. “Te dije que esto se solucionaba con dinero, pero en vista de que usted involucró a un tercero no me queda más que hacer público el video.” Alec apretó el teléfono con fuerza. —No te atrevas… Su respiración se volvió pesada mientras la furia recorría su cuerpo. —Tranquilo, Alec —intentó calmarlo Rafael—. Así actúan este tipo de personas. Solo desea hacerte perder el control para conseguir ese dinero. Le voy a responder algo más contundente. Rafael volvió a escribir. “Estamos en camino a la comisaría para denunciarte por acoso y chantaje. Déjame recordarte que, sin importar lo que pase con la reputación de mi cliente, tú estás cometiendo no uno sino varios delitos.” El teléfono volvió a sonar. “Si creen que me van a intimidar están locos. Yo les recomendaría que se dejen de idioteces, vayan al banco a primera hora y dejen el dinero donde les indique si no quieren que la noticia del mediodía de mañana no solo muestre el video sino otras cositas más.” Cuando Rafael terminó de leer el mensaje, llegó otro archivo. Esta vez había más contexto sobre el engaño. Las imágenes comenzaron a cargar lentamente. Amanda y Alec besándose. Ellos entrando al hotel. Amanda subiéndose a su auto. Tres fotografías que demostraban que lo del aquel día no había sido casualidad sino algo que llevaba tiempo ocurriendo. —Joder… Alec sintió un vacío en el estómago mientras observaba las imágenes. —Yo sabía que alguien me estaba observando. Lo sentí cuando estaba en el auto. Se pasó ambas manos por el cabello completamente frustrado. —¿Cómo pude ser tan estúpido? —Calma —intentó tranquilizarlo Rafael aunque a esas alturas él también comenzaba a preocuparse por la reputación de su amigo—. Intentemos una vez más y si no funciona tú decidirás qué hacer. Alec asintió mientras se servía otro trago. Rafael volvió a escribir. “Lo que me acabas de enviar lo puedo usar en la corte para acusarte de muchas cosas más. Creo que hasta podría decir que estás siguiendo a mi cliente con la intención de secuestrarlo o matarlo. Te daré una última oportunidad. O borras el video ahora o rastreare tu dirección IP y te encontraré para luego presentarte ante las autoridades.” Otra notificación sonó y casi hizo que Alec se atragantara. “Quizás este incentivo te haga entender que no estoy jugando.” Las siguientes fotos cargaron lentamente. Y eso sí podía destruirlo. En las imágenes aparecía en una reunión de empresarios donde Amanda y su esposo compartían tranquilamente con todos. Luego se les veía a ellos dos entrando juntos al baño. Alec cerró los ojos con fuerza. —Maldición… Sintió la garganta seca mientras observaba aquellas fotografías. —Si mi familia llega a ver esto estoy completamente acabado. Aunque, siendo honesto, si la junta directiva me ve entrando a ese baño con Amanda también estoy acabado. Rafael guardó silencio porque sabía perfectamente que aquello era algo grande. Muy grande. —Tenemos que darle el dinero. —Sabes que luego querrá más. —No me interesa, Rafael, pero debo terminar con esto como sea. Ya no solo estamos hablando de mi reputación, sino de todo el legado Pirelli y eso, amigo mío, es algo que no pienso arriesgar. Alec levantó la copa y observó el líquido por unos segundos antes de continuar. —Yo en media hora puedo producir un millón de dólares, pero no un imperio como el que levantó mi abuelo. Y eso, amigo mío, no se logra con inversiones ni con dinero, sino con algo intangible: la lealtad. Apretó la mandíbula con fuerza. —Algo en lo que claramente fallé cuando me acosté con la mujer de un hombre que puso toda su fortuna en mis manos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR