Era la hora del almuerzo, y Gia se acercó al área de la cocina, quería saber si Guido había llegado. Lamentó en ese instante haber perdido su teléfono celular. Dio un suspiro porque le echaba de menos. Mientras caminaba por el pasillo se encontró con Lorena, una de las camareras. Desde que la había visto ayudar, la chica había cambiado su percepción de ella. —¿Estás en tu hora de descanso? —quiso saber su compañera de trabajo. —Sí —contestó dando una mirada por el lugar a ver si era que Guido estaba ahí, y ella no se dio cuenta. —Ven, acompáñame. —¿A dónde? —Gia frunció el ceño. —A fumarme un cigarro en la parte de atrás de la oficina —ella soltó una risita—. Estoy segura de que jamás has estado ahí. La verdad era que así era, así que Gia no le vio inconveniente en ir con Lorena,

