➷ Matías ➹ Comenzamos a caminar, por los enormes jardines de su casa, mientras sus tacones retumban en el camino de grandes pastelones. —¿Cómo has estado? —Rompo el hielo. Mónica detiene la marcha y se gira bruscamente y me enfrenta. —¿A qué has venido, Matías?, ¿crees que, porque traes regalos, y entusiasmas a mis hijos, te perdonaré que nos hayas dejado a la deriva? —Me increpa y no sé cómo reaccionar ante ello. —Perdóname, Mónica, pero los que me dieron la espalda, fueron ustedes. —Trato de sonar calmo— Sobre todo Patrick, que, prácticamente, se río en mi cara. —espeto. Mónica cruza sus brazos, debajo del pecho y resopla. —Patrick es un imbécil, ¿Qué esperabas? —rebate y no sé qué pensar al respecto. Alzo una ceja y la miro, incrédulo— No sabes cómo ha sufrido mi madre, tod

