Mi Salvador

1602 Palabras

De repente, sus manos me atrapan. No hay delicadeza aquí; hay una urgencia alimentada por la adrenalina del encierro. Me empuja contra la pared del ascensor y el metal frío choca contra mi espalda, enviando un escalofrío que me recorre la columna. Estoy entre la espada y la pared, literalmente. Siento su cuerpo, caliente y sólido, aplastándome, reclamando el poco oxígeno que queda en este metro cuadrado de pánico. —Tengo miedo —logro decir, aunque el miedo ya está mutando en algo más oscuro, algo que me hace humedecer los labios instintivamente. —Úsalo —responde él. Sus labios encuentran mi cuello en la penumbra. Me muerde justo en el tendón, una presión aguda que me saca un jadeo—. Usa ese miedo para recordarme que estás viva. Que eres mía. Sus manos bajan con furia hacia mi camisa. Es

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