Narra Duncan
Tres años antes…
Ser el primogénito de un alfa es algo un tanto… Asfixiante, quiero llevar una vida tranquila, sin muchos problemas, solo que estoy más propenso a los problemas sin contar las continuas amenazas, traiciones y cada cosa que se les pueda ocurrir a nuestros enemigos o cualquiera que nos quiera robar la poca paz que tenemos.
Mi padre, el Alfa Blaine Walker, aún me cede el mando de la manada, quiere que me case y forme una “hermosa familia”, algo absurdo porque no he encontrado a mi pareja destinada, aunque es lo de menos, no necesite una compañera para poder liderar la manada a pesar de ya no ser un chuico mi querido padre está insoportable con el tema, mi madre la Luna Maeva Walker ya no sabe cómo ayudarme para que él deje el tema en el olvido.
Continuo con el trabajo que tengo atrasado, hay que hacer tantas cosas que no sé por dónde comenzar los últimos meses la manada ha estado en constantes ataques creando caos, perdimos cosas materiales, pero la peor perdida es las vidas de los habitantes,estamos desesperados no queremos perder más vidas, hemos estado invirtiendo dinero de nuestros propios negocios para poder cubrir los gastos, ya la manada no tiene los mismos ingresos debido a los ataques.
Por más que hago cuentas para que el dinero alcance, es frustrante ver que no es suficiente, rogando a la Diosa Luna que los ataques cesen, y darnos un respiro a todos, es que pareciera que tienen como objetivo desaparecer la manada.
—¿Duncan? —escucho que me llaman, levanto la vista de los papeles que tengo en mis manos—¿estás ahí?
Estoy encerrado en la biblioteca de la casa de mis padres, que usamos para trabajar.
—Sí, ¿sucede algo Irwin?—pregunto preocupado.
Los miles de escenarios pasan por mi cabeza y ninguno es agradable.
—Tu padre necesita hablar contigo—me informa del otro lado de la puerta.
Irwin es el beta de la manada, es de la misma edad que mi padre sumado a que es una gran persona.
—Entra Irwin—me cansé de hablar con la puerta.
Abre la puerta con mucho cuidado y asoma la cabeza.
—¿Necesitas algo? —pregunta.
—Pasa y siéntate por favor—le pido—estoy preocupado por todo lo que está pasando.
Hablar con él es bueno para cualquiera que tenga algún problema, lo veo suspirar.
—Hoy estuve en el orfanato—su rostro se desencaja—han quedado muchos niños huérfanos sin sus padres, estamos buscando si tiene otros familiares en otras manadas.
—Esta es la peor parte—frunzo los labios.
Me duele ver que hay niños pasando por todo esto, no debería de ser así, ellos no tienen la culpa de nada, un niño nunca debería crecer sin su familia y mucho menos perder a sus padres.
Salgo de la biblioteca acompañado por Irwin, tengo curiosidad del motivo que hayan mandado a llamar, necesito hablar con él la para que me diga que vamos a hacer de aquí en adelante algo se nos tiene que ocurrir.
Veo a mi padre a lo lejos hablando como otros cambia formas, los puede reconocer por su aura, algunos desprenden un olor diferente, en cambio, otros simplemente por su porte la energía de poder que emanan, puedo distinguir a un hombre menor que mi padre y a tres mujeres, dos jóvenes e idénticas y la otra mayor, creo que es la pareja del hombre y las chicas sus hijas, no estoy de ganas de conocer gente nueva y lo mejor que puedo hacer es caminar despacio dándoles tiempo de que se despidan, Irwin va a mi lado en todo momento con la vista fija en la visita, sonríe al parecer reconoce a los visitantes, frunzo el ceño por eso hasta donde se conozco a todas las amistades, socios y enemigos de la familia, ¿será que me faltaron algunos por conocer?
Siento una mala vibra de todo esto.
Respiro varias veces disimulando lo que siento, necesito calmar esta sensación de inquietud que ha despertado en mí, nos detenemos a una distancia considerable solo para esperar a que se despidan, observo a todos las chicas son hermosas de eso no hay duda con una belleza exótica no lo puedo negar, el hombre es imponente y la mujer a su lado muy elegante, al parecer son una familia, mi padre se despide de ellas dejándolos en compañía de un guerrero, siento unas palmadas en mi hombro.
—No veo la necesidad de tener que enviarte como mensajero—me quejo sin entender por qué lo ha hecho, hace una señal con su cabeza dándome a entender que se comunicó con mi padre por medio del enlace mental, hago una mueca al ver que es algo innecesario pudo comunicarse conmigo directamente.
—No entiendo a mi padre—expreso desconcertado.
Ríe mientras continuamos caminando.
—Deja de querer entenderlo.
—Es que era más fácil comunicarse conmigo y no tener que enviarte de mensajero—expreso.
No ha dejado de reír por mis comentarios.
—Deja de burlarte de mí, Irwin.
—Pues deja de comportarte como un chiquillo que se queja de todo—ríe con más ganas—tu padre solo quiere que llegues seguro.
—No creo que me pase algo—me burlo.
Esta parte de la manada es seguro por la ubicación. Como cosa rara me da un golpe en la cabeza, lo miro sorprendido.
Lo respeto y hasta cierto punto es más que yo, para colmo es con quien más tiempo he compartido.
—Espero ese golpe te organicé las neuronas a ti y a tu lobo—habla muy serio.
Claro que me organizo todo, lo que mi padre no hace lo hace él, gran parte de mi educación y seguridad estuvo a su cargo mientras mis padres se hacían cargo de otras cosas, algo que no debieron hacer, pero lo hicieron.
Mientras continúo sobando mi cabeza, no lo puedo negar, me golpeo duro, llegamos al lugar donde entrenamos en completo silencio, ni de broma vuelvo abrir la boca, estoy tan concentrado que no veo a mi padre.
—Al fin llegan—doy un pequeño salto.
No entiendo cómo le hace para no hacer ningún ruido cuando camina, a pesar de que el golpe que me acaban de dar me tiene alerta no fue suficiente para escucharlo, debo aparentar que estoy calmado.
—Padre, ¿Cómo estás? —lo saludo con respeto.
Me mira y sonríe, por desgracia puedo darme cuenta de que algo trama de eso no hay duda.
—Bien hijo, esperando el momento indicado para hablar contigo—informa.
—Y ¿de qué quieres hablar conmigo? —pregunto serio a pesar de que la curiosidad me está matando.
Lo admito, me entretiene el cotilleo.
—De la manada.
Por supuesto y yo pesando en algo as entretenido.
—Ya he solucionado parte del problema que tenemos, ayer invertí el dinero que obtuve por la venta de mi apartamento y mi casa—informo—pero no es suficiente.
—Lo sé hijo, sé lo que has hecho y te lo agradezco, no me voy a cansar de agradecerte lo que estás haciendo por la manada.
Vendí mi apartamento y mi casa, al igual que mis padres han vendido algunas de sus propiedades para poder ayudar a los nuestros, lo peor de todo es que la empresa de la familia sufrió un desfalco de una considerable suma de dinero, por ese motivo estamos a punto de declararnos en quiebra, de solo pensar eso la impotencia me embarga.
—Ya lo que podía hacer lo hice—froto mis manos en mi rostro—si hay otro ataque, la manada estaría próxima a desaparecer.
Ese es otro problema al no haber condiciones para vivir, los habitantes de la manada tendrían que irse a otros lugares, quedando el pueblo abandonado, ahora que lo pienso es peor de lo que imagine.
—Ya no tienes que preocuparte—frunzo el ceño—las cosas van a mejorar—informa con un tono alegre.
Aja, no es que no me guste ver a mi padre así, es que no sé ni como esta si alegre o que, solo que algo va a pasar.
Mi madre se nos une la noto un poco molesta, me acerco a ella para saludarla con un beso y un abrazo de oso como sé que le gusta, soy su único hijo, por eso me doy el lujo de comportarme de esta manera, puedo ser un machi alfa lomo plateado, pero con mi madre soy un cachorrito, nuestros enemigos saben que es nuestra debilidad., me tengo que agachar un poco abrazarla y dejar un beso en su cabeza.
—¿Cómo está la mujer más hermosa del mundo? —le susurro.
—Mi bebé—sonrió ante sus palabras.
De bebé no tengo nada.
—Mamá—le hablo con voz dulce—te quiero –dejando varios besos regados por su rostro.
Su risa me ilumina el día, escucho un carraspeo haciendo que levante la mirada para encontrarme con las miradas de mí pare e Irwin, este último tratando de contener la risa, los guerreros ya están acostumbrados a ver esta escena, pedo ver esta escena.
—Pueden comportarse—se queja mi padre con el ceño fruncido y sus brazos cruzados en el pecho.
No le gusta que le robe la atención de mi madre, es un hombre celoso.
—Debes compartir papá—me burlo, sabiendo que no le causa gracia.
—Bueno—agarra a mi madre del brazo alejándola de mi lado de manera sutil—a lo que vinimos, te tengo que dar una noticia.
—Sabes que no estoy de acuerdo—se queja mi madre sin disimular su enojo.
—Querida entiendo.
Los observo muy entretenido con la escena que están montando, ver a mi padre tratando de hacer entrar en razón a mi madre es digno de ver.
—Me pueden contar, por favor—pido impaciente.
Escucho un bufido de parte de mi madre y un suspiro cansado por parte de mi padre.
—Hice una alianza—enarco una ceja.
Esto es interesante, ¿con quién se abra aliado? Y a cambio de ¿qué?
—Si claro—protesta mi madre.
—Eso es bueno—los miro a ambos—¿no? ¿Qué me perdí?