–Todavía no me convence este vestido. –Se quejó mamá mientras arreglaba mi tocado y estiraba el velo. –Este velo te dará calor, te brillara la cara. –Mamá, por favor si vas a arreglarme bien, si no, deja que la tía lo haga. –Isabel se había puesto a la orden, yo no soy buena con estas cosas de ganchos en el cabello. –¡Isabel no es la madre de la novia! –Entonces hazlo bien– Suspiré frente al espejo viéndome con mi hermoso vestido blanco ajustado, con un cinturón rojo que apretaba mi cintura y un ruedo largo con pedazos de tela intercambiados en rojo también. –Pero es que toda esta ropa, este vestido ¿por qué con rojo? Es grotesco. –¡Noo! Es moderno–Me apoyó la tía. –No lo sé. –Es el único que tengo mamá y me encanta, y a Basco le gustó en cuanto lo vio. –¿¡Él lo vió!? –Mamá abrió
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