–¿La bebiste toda tu? –La tía irrumpió en mi cuarto. No sé cuánto tiempo llevaba mirándome, sé que cuando abrí los ojos, casi sin poder por todo lo que bebí, ella estaba ahí y señalaba una botella de ron en el piso. –Culpable. –Era tu noche de bodas. –Parecía regañarme. –Tuve que quedarme con tu esposa en la hacienda porque no llegaste, no paraba de llorar, hasta que se durmió. –Que escena tan conmovedora. –Traté de enderezarme pero me costaba. –Menos mal y estabas allá para ella. –¡Déjate de estupideces, Basco! Sabes lo que ella siente por ti. –Y si no lo sé, tú me lo vas a decir ¿verdad? –¿Crees que los sentimientos se pueden fingir de esa manera? –Te recuerdo tía, que ya lo viví una vez. –Logré poner los pies en el piso, la cabeza me daba vuelta y me ardía el tracto digestivo. –

