Una de las diferencias más sorprendentes entre un gato y una mentira es que un gato sólo tiene nueve vidas” –Mark Twain.
“Dicen que con mentiras se pierden grandes personas, pero también te conviertes en una de ellas… O al menos, ese fue mi caso.”
Paulette necesitaba alejarse de su pasado, era eso o morir con él.
El destino cruzó a su paso una segunda oportunidad, no de la manera más idónea, quizás, pero resultó siendo su salvación.
Su nuevo nombre es Roma Jasome, heredera de un imperio de maquillaje que llegó a Praga con ganas de una buena vida.
Rivales nuevos, amigos nuevos, amores nuevos. La vida de Roma la llena de esperanzas.
Hasta que se da cuenta de que no es la única con alguien pisándole los talones.
Ese alguien tiene nombre y es Hércules Caley quien con poder y entusiasmo se acerca cada vez más a ella. ¿Qué es lo que quiere y por qué querría hacerle daño a alguien tan bueno como Roma?
¿Y cómo Paulette volvería a tentar a la suerte?
PRÓLOGO
Mi primer recuerdo de esa noche es correr en medio de la lluvia, el escenario perfecto para más de una tragedia. Si gritas, nadie te escuchará debido a las gotas ruidosas sobre cualquier superficie. Si lloras, nadie se da cuenta aunque incluso estén frente de ti. Si disparan, nadie lo nota porque los relámpagos y truenos apagan cualquier sonido. Si te apuñalan, nadie te mira porque de igual forma ya vas empapado.
Dicen que la lluvia es el dolor del cielo, yo supongo que es cierto porque, si existía un Dios cómo siempre me dijeron, debía de ver lo que me pasaba. Y no, no era justo. No era nada justo.
Escuché disparos a mi alrededor pero por mucho miedo que sintiera no era capaz de detenerme. Mis piernas parecían ir por su cuenta y lo agradezco, si me hubiese detenido seguramente la historia sería distinta aquí.
–¡Voy por ti, pequeña! –Lo escuché reírse y desesperada me di cuenta de que estaban más cerca de lo que pensé. Vi un túnel, el agua se veía alta y lucía revuelta. No lo noté hasta que me llegó cerca de las rodillas.
Intenté controlar la respiración para no ser descubierta.
No me asustaba tanto la oscuridad como esos hombres.
Por suerte, llegué a la estación de autobuses, saltando uno que otro obstáculo en el camino y dando gracias al cielo por saber desenvolverme a través de los callejones que componían mi diminuto pueblo. ¿Alguna vez han oído eso de “Pueblo pequeño, infierno pequeño”? Era algo bastante similar.
Todos me miraban con repulsión e incluso murmuraban. Miré a mi propio cuerpo, dándome cuenta de lo horrible que debía lucir y lo peligroso que era llamar la atención para mí. ¿Por qué en lugar de juzgar mi aspecto se acercaban a mí y preguntaban si pasaba algo que me tuviera tan afectada? Ah sí, conozco la respuesta... Porque eso no es importante.
Ubiqué rápidamente los baños y mientras entraba dos mujeres salían, evité mirarlas. El contacto visual era mi peor enemigo en estos momentos.
Refrescaba mi rostro cuando alguien entró y dejó un abrigo sin vigilancia sobre el lavamanos. Parecía urgida por entrar al sanitario y cuando cerró la puerta de metal no lo pensé dos veces para robar el abrigo y alejarme de ahí con rapidez mientras me lo ponía. Me sentía mal por robar pero algo me decía que, en ese momento, lo necesitaba más yo que ella. Dios sabe que es así.
Miré la fila de compradores de tickets y respiré hondo sin saber qué hacer. Sin dinero y sin documentos nadie me vendería nada.
Miré hacia donde estaba el área de descanso de los conductores, dos de ellos tomaban un café mientras fumaban un cigarrillo fuera y parecían atentos hablando entre sí.
–Disculpen–dije apenada. Ambos me miraron, lo bueno de aquel abrigo era que me llegaba hasta las pantorrillas y ocultaba mi cuerpo, eso combinado con mi baja estatura muchos me tomarían por pequeña. –Lo lamento mucho, ¿Podrían ayudarme?
–No hago caridad– dijo uno expulsando el humo en mi rostro pero su compañero, con un poco más de corazón, le dio un codazo con una media sonrisa en el rostro.
–No seas patán, oye, que tienes tres hijas– le regañó– ¿Qué necesitas, niña?
Respiré hondo.
–Mi…Novio me quiere matar– sus ojos se abrieron como platos, incluso su pedante compañero se quedó callado– Necesito huir lejos de aquí y no tengo dinero ni mis documentos– miré a ambos y mis ojos se llenaron de lágrimas– Por favor, no tengo a nadie aquí.
El pedante pareció haberse quebrado conmigo.
–¿Tú….Tú no tienes padres? – me preguntó e internamente pensé cuánto tiempo libre tendría el pobre si quería saber la historia real.
–No, mi madre murió y mi papá está muy lejos–escupí negada a pensar en ellos.
–Mira– dijo el amable chófer– No voy a preguntarte nada, se ve en tus ojos que estás pasando por algo difícil– asentí cortamente– El autobús sesenta y tres es el mío. Siéntate al fondo y no dejes que te vean por las ventanas.
–Gracias– dije emocionada y me alejé corriendo al estacionamiento.
No creí que fuese tan sencillo, al parecer, el hecho de la igualdad de género había hecho un poco más sensible a los hombres y eso era bastante conveniente para mí.
Dentro del autobús vi todo con otra perspectiva. No había caído en cuenta de cuán fuerte latía mi corazón. Bajé la cortina para evitar ser vista y recostando la cabeza al cristal volví la mente hacia atrás, cayendo en cuenta de todo lo que había pasado. Una semana entera para que el mundo se me hiciera pedazos.
HISTORIA ORIGINAL SIN COPIAS NI ADAPTACIONES, NOVELA EN PROCESO DESDE EL DÍA 05/ 12/ 2022, CON CONTENIDO PARA MAYORES DE EDAD, DESCRIPCIÓN GRÁFICA, LENGUAJE SOEZ Y EROTISMO.