Lo vieron en silencio, la infinita paciencia que el latino parecía tener solo con ella, no lo comprendían, no podrían hacerlo, la forma en la que Dulce sabía lo que pensaba sin la necesidad que él hablara, o la forma en la que él la consolaba, sin una palabra de por medio, solo tocando su mano, y acariciando el dorso se está. Al fin el avión toco tierra firma y entonces Giovanni la tomo de la mano, alejándola de Pedro, quien se fue sobre ellos, pero Horus se puso en medio. — Tranquilo, todos mantendremos la calma, hasta llegar a mi departamento. — Dulce. — dijo el latino sin hacerle caso a su primo. — Me voy con ellos, si quieres ven. — no pensaba renunciar a ese bebé y mientras más personas se opusieran más se aferraría a él, ¿capricho? ¿rebeldía? ¿estupidez? Quien lo sabía, ni siquier

