Sus besos tienen la habilidad de volverse una adicción, dejan un sabor imborrable en mi boca y debilita mis sentidos. —¿Por qué te detienes? —Isabel — sus ojos se oscurecieron y, sin decir una sola palabra más, subió las escaleras. La vi tan apurada que tuve un mal presentimiento. ¿Es que acaso ocurrió algo con Isabel? Subí corriendo en dirección a la habitación y cuando entré, me di cuenta de que había una mujer de cabello oscuro cargando a Isabel. Ella se veía profundamente dormida entre sus brazos. —Hasta que por fin nos volvemos a encontrar… — pude reconocer la voz de Kaede y todo mi ser vibró de miedo. ¿Cómo entró al castillo? Viktoria dijo que este lugar era seguro, que ni Kaede ni nadie podría invadirlo. —¡Suéltala, Kaede! — vociferé. —¿Así que esta es la nueva parte de ti,
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