Desde que Elliot se marchó, la casa estuvo silenciosa. No podía negar que lo extrañaba, si, mucho. No dejaba de pensar en él, y de nuestro pequeño desliz. Nunca me sentí tan deseada hasta que él me tocó. Fue cuidadoso, y delicado, y eso me gustó. Nunca había estado con otro hombre, sólo con Vincent, con él perdí mi virginidad, y nunca más me entregue a nadie más, hasta ahora. La castidad de mi cuerpo se había ido. Un segundo hombre me descubrió y me hizo el amor. Eso no me lo esperaba. Ya había pasado una semana desde la partida de Elliot. Hablábamos todos los días. Nos llamábamos, nos extrañabamos muchísimo, y siempre nos los dejabamos al manifiesto cada vez que nos veíamos. Las terapias con Lina habían avanzado, y eran geniales. Estaba recibiendo la ayuda que necesitaba. Talleres de a

