Respiré hondo. ¿Qué había pasado con el Vincent que conocía?, el cruel, el despiadado, el maltratado. ¿Había cambiado?. Con franqueza, no lo podía creer, me resultaba difícil procesar las disculpas. Tenía que escapar de ahí, dolía, sus palabras, verlo cara a cara, su arrepentimiento, todo dolía. Así que, salí corriendo. Caminé lo más rápido posible y me escondí en mi pequeña burbuja, en ese caparazón que siempre había estado y que por un momento me sentí liberada. Regresé a mi trabajo. Mi cuerpo se inclinó en la barra, y solté a llorar, lo necesitaba. Rogué a Dios muy dentro de mí, a que Vincent no regresara, a que se fuera y me dejara en paz. Entonces, comprendí que aún Vincent me lastimaba, y me afectaba verlo, escucharlo, mirarlo. Significaba una cosa, que no lo había olvidado, que a

