Cuando llegue a Vancouver, me encontré con Frank, el chófer personal de mi madre, él era un hombre de unos cuarenta años, cuando lo conocí en Miami, fue un tipo que me cayó súper bien. -Hola, Frank.- salude. -Buen día señorita, ¿Qué tal el vuelo? -Tedioso.- levante mis hombros.- pero me encanta estar aquí.- le dije emocionada. -Lo noto señorita.- él tomo mis maletas, ambos comenzamos a caminar para salir del aeropuerto.- su madre la espera en el museo.-me comenta cuando llegamos al coche y él comienza a guardar mis cosas, suspiré. -Vamos a casa primero, quiero ducharme, ya luego me llevas donde mi madre.- él asiente. Me subí al coche, Frank comenzó a conducir, realmente Vancouver era otra cosa, me encantaba como era la ciudad. -Llegamos.- le asentí.- la recojo en una ¿hora? -Si, po

