—¿Entonces eres un alma solitaria? —Jimena agacho la cabeza entristecida recordando aquel pecado que la condeno —Sí, mi diosa me dio este castigo. Debo vivir como un alma solitaria encerrada en este bosque. —giro su cuerpo mientras caminaba con lentitud observando los árboles, Esmeralda seguía cada paso de aquella mujer— La tristeza y el dolor se puede sentir en cada parte de este bosque. ¿Escuchas los lamentos? —Jimena cerro sus ojos sintiendo como una suave brisa acariciaba su piel A través de la brisa los lamentos se hacían escuchar. —¿Lamentos? —pregunto Esmeralda —Cierra tus ojos —aclamo Jimena Esmeralda asintió con suavidad y luego cerro sus ojos. Apretó sus labios cuando la brisa acaricio su rostro y escucho los lamentos. Un dolor se instaló en su corazón, eran lamentos triste

