Beso la frente de la joven humana sintiendo como su corazón palpitaba suavemente. Acomodo la colcha sobre el cuerpo de Lucia abrigándola del frio que había ese día y se encargó de observarla por unos minutos antes de partir rumbo al reino de los felinos en busca de la princesa Lía y así poder frenar a Augusto. Porque los felinos eran crueles enemigos de los lobos y no quería morir sin resolver aquel asunto dejándole un reino prospero a la joven princesa Mariana. Javiera observo aquella escena entristecida. —Mi pequeño ¿estás seguro de esto? —susurro desesperada— No debes luchar, deja que Xavier se encargue de todo y solo vive con tranquilidad tu amor junto a Lucia Kant negó lentamente. —De todas formas, voy a morir y en mi mente solo está la idea de dejarle una vida cómoda y plena a

