Cena de bienvenida

1836 Palabras
La noche avanzó y Novalee compartió la cena y la champaña con aquellos hombres de mar. La conversación era agradable y espontánea. El capitán no volvió a hablar de aquella manera tan personal. Después de la cena comenzaron a presentar una serie de espectáculos que la hicieron reír y luego llorar y cuando una banda musical comenzó a tocar y varias parejas salieron a la pista de baile a mostrar sus mejores pasos, Novalee se levantó de la mesa para salir del salón, aprovechando que el capitán se había levantado a hablar con unas personas que llegaron a saludarlo. Se sentía mareada por la champaña y quería despejar la mente. No estaba acostumbrada a tomar alcohol. Novalee caminó rápido buscando una de las puertas que daban a una hermosa terraza cuyo límite era la barandilla del barco. Se recostó de ésta tomando una gran bocanada de aire fresco que refrescaba su cara. Se podía ver la luna bañando con su luz el mar. Era una vista absolutamente hermosa. El mar era una total oscuridad a excepción de los partes iluminadas por la luz de la luna. Se abrió la puerta del salón y salió una pareja que comenzó a besarse con pasión y terminaron cayendo en uno de los muebles que se encontraban allí para tomar el sol. Se volvieron a verla sonriendo y se levantaron del mueble para correr hacia el ascensor seguramente a buscar un lugar más solitario. Novalee se volvió a ver hacia el horizonte donde se podía ver una línea que dividía el mar oscuro del cielo estrellado. Se movió hacia la izquierda y llegó al tope de la barandilla y no pudo evitar que sus pensamientos se fueran a Grayson. -¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Se habría casado? ¿Siquiera la recordaría? – Se preguntaba Novalee. Un suspiro involuntario salió de su pecho y no pudo evitar recordar las veces que hacían carrera para ver quién llegaba primero al río. El padre de Grayson y los trabajadores ya se habían acostumbrado a sus carreras revoltosas que terminaban espantando a las gallinas y los cochinos dejando una polvareda detrás de ellos. Siempre que estaban en el río solían sentarse a conversar. Grayson le preguntaba por el instituto y por los amigos. Novalee le contaba por horas enteras. Allí, pasaron media tarde el día que murió la señora Farris, madre de Grayson quien de vez en cuando lanzaba piedras al río. Pero el día que murió el señor Farris, Novalee recordó que fue un día muy duro para Grayson quien estaba lleno de coraje y frustración. Le gritaba a todo el mundo por la más mínima cosa como si fuera un perro bravo con dolor de muelas. Novalee junto con otras mujeres del pueblo se encargaron de atender a las personas que fueron a presentar sus respetos al padre Grayson. Al final de la tarde, cuando la mayoría se habían ido, Novalee recordó que se acercó a él llevando un plato de sopa con su guarnición en una bandeja. Estaba afuera en el porche de la casa mirando a la distancia. -Grayson, te traje un plato de sopa para que comas algo. Hoy, no has comido nada en todo el día – Dijo Novalee tranquila – -No quiero nada. Llévatelo – Dijo Grayson sin siquiera mirarla – -¿Cómo que no vas a comer nada, Grayson? Eso no te hace ningún bien y a tu padre no le gustaría que dejaras de comer – Dijo Novalee sin saber que eso enfadaría más a Grayson por lo que no se dio cuenta del movimiento del brazo de Grayson tumbándole la bandeja con el plato de sopa. Ella sólo retrocedió dos pasos llevándose las manos a la boca, por asombro, ya que nunca se hubiera esperado una actitud así de Grayson hacia ella – -¡¿Y cómo diantres sabes tú lo que a mi padre le gustaría o no?! – Gritó Grayson pasándose las manos por el cabello y llevándoselo hacia atrás - ¡Déjame en paz! Al escuchar esto, Novalee salió corriendo hacia el campo. Hacia el río. Le dolió mucho que él la hubiera tratado así. Grayson por su parte dio varias vueltas con las manos todavía en la cabeza y luego se quedó mirando por donde se fue corriendo Novalee y soltando un suspiro comenzó a correr tras ella. La alcanzó cuando ésta ya estaba parada junto al río y se frenó de golpe para acercarse a ella lentamente. -Lo siento, Novalee. No fue mi intención tratarte mal – Dijo Grayson – Es que no sé cómo voy a seguir mi vida ahora que mis padres no están – -¿Crees que no sé cómo te sientes? – Preguntó Novalee volviéndose a verlo con el rostro bañado en lágrimas y Grayson al verla hizo un gesto de frustración pues no le gustaba pelear con Novalee - ¿Crees que no sé todas las preguntas que te estás haciendo en este momento? ¿Crees que no sé del terror que se siente el verse solo en el mundo? – Gritó Novalee – Yo sé exactamente cómo te sientes, Grayson Farris , porque así me sentí yo cuando mis padres murieron dejándome sola en éste mundo, pero yo a diferencia de ti, no tenía muchas opciones, sino seguir viviendo y aferrarme a las personas que me socorrieron y me ayudaron a seguir adelante y confiar que todo saldría bien. Un día a la vez y poco a poco fui recuperando mi confianza – Dijo Novalee acercándose a Grayson para mirarlo a los ojos – Hay muchas personas a tu alrededor queriéndote ayudar. Sólo debes permitírselos – Grayson soltó un suspiro y dejó caer los hombros asintiendo con la cabeza. -Lo siento, Novalee. Tú eres la última persona a quien yo quisiera hacerle daño – Dijo Grayson mirándola con ojos tribulados, por lo que Novalee se acercó tomándole el rostro con sus manos y mirándole a los ojos le dijo: -Lo más importante que debes saber en éste momento, es que no estás solo Grayson. Yo estoy aquí contigo – Dijo Novalee y le dio un tierno beso en la mejilla. Grayson cerró los ojos al recibir aquella muestra de cariño y al abrirlos se encontró con el dulce rostro de Novalee y sus tiernos y hermosos ojos azules y sin más la tomó por la cintura y la besó con toda la pasión que sentía. Novalee se sorprendió por el repentino beso y en un principio no entendía qué ocurría, pero luego comenzó a corresponderle a todos sus besos y caricias. La besaba en el cuello y en los brazos. Ella, le respondía igual. Sus manos recorrían todo el cuerpo y se desesperaban por quitar la ropa estorbosa. El asunto fue que ese día, se dejaron llevar de tanta pasión que tenían contenida el uno por el otro, que terminaron recostados sobre el pasto suave a un lado del río y terminaron desnudos haciendo el amor con pasión y ternura. Al terminar, Grayson se quedó abrazado a Novalee con el rostro lleno de lágrimas que bañaban el pecho de ella. El llanto salía incontenible. Él lloraba por haber perdido a su padre y ella, a su vez, lloraba abrazada a él con fuerza, por la virginidad perdida. Los siguientes días, Novalee no vio mucho a Grayson. Llegaba al rancho cuando ella ya se estaba yendo a su casa, después de terminar su faena y una semana después, Grayson fue hasta su casa para decirle que no fuera a trabajar más porque él había vendido el rancho y se iría de viaje al día siguiente. Le entregó una bolsa de papel con mucho dinero adentro. Se lo entregó y fue rápido a abrir la puerta para sólo decir: -Adios Novalee. Cuídate mucho – Y salió cerrando la puerta detrás de él – Las lágrimas de Novalee comenzaron a correr por sus mejillas segundos después de que él se marchara, pues no entendía la actitud fría y silenciosa después de lo que había ocurrido entre ellos en el río. No entendía cómo pudo entregarle ese dinero casi sin hablarle y partió al día siguiente sin despedirse de ella. Esa fue la última vez que lo vio. Ella tenía 18 años y él 22 cuando decidió marcharse del pueblo sin mirar atrás, dejándola a ella olvidada para buscar su vida y su futuro en otro lado. Pasó mucho tiempo para que ella volviera a encaminar su rumbo y dejara las lágrimas para los funerales. Se dedicó a salir adelante y subsistir sin el amor de Grayson, incluso evitaba siquiera mencionar su nombre o pensar en él, pues debía seguir caminando hacia adelante. -¡Hermosa noche! – Dijo una voz a sus espaldas que la sobresaltó y al volverse a ver se encontró con el capitán parado a unos pasos detrás de ella – -¡Ni que lo diga! ¡Una hermosa noche en verdad! – Dijo Novalee volviéndose a seguir admirando la noche – -¿No es de ánimo fiestero? – Preguntó el capitán tomando la barandilla con sus dos manos – -La verdad es que no. La fiesta está muy bonita y animada pero yo salí a tomar un poco de aire para despejar mi mente – Dijo Novalee – -¿Se siente indispuesta porque puedo llamar al personal médico…. – Comenzó a decir el capitán y Novalee lo interrumpió – -¡No! ¡Por favor, no se preocupe! Yo sólo me sentí mareada por la champaña. Es que no estoy acostumbrada a beber – -Entiendo. ¿Ya se siente mejor? ¿Hay algo que pueda hacer por usted? – Preguntó el capitán con preocupación – -No. No se preocupe. Sólo quiero quedarme aquí un rato más antes de irme a dormir – Dijo Novalee – -Muy bien. ¿Le molesta si la acompaño? – Preguntó el capitán – -No. Para nada. Es una noche muy bella – Dijo Novalee – -Sí. Es muy hermosa – Dijo el capitán mirando a Novalee – -Usted debe estar acostumbrado a todos estos paisajes hermosos. Digo porque pasa gran cantidad de su tiempo en éste barco – -La verdad es que nunca se acostumbra uno a éstos paisajes tan excepcionales. Ni que pasen cien años. Amo el mar. Cada vez que voy a embarcar me quedo un momento mirandolo porque nunca me acostumbro. -Es bueno saberlo – Dijo Novalee volviéndose a mirarlo y encontrándose con la mirada del capitán y de pronto ambos comenzaron a reír – -Le aseguro que está en buenas manos – Dijo el capitán al terminar de reír – -Me alegro de escuchar eso – -¿Es primera vez que viaja en barco? – Preguntó el capitán – -Es el primer viaje que hago en toda mi vida – Dijo Novalee – -¿Cómo es posible que una mujer tan bella como usted no haya realizado un viaje en su vida? ¿De dónde es? – Preguntó el capitán con curiosidad -
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