CARTA XXXIII LA MARQUESA DE MERTEUIL AL VIZCONDE DE VALMONT Supuesto que teme usted lograr su fin, mi querido vizconde, supuesto que sólo quiere prestar armas contra sí mismo, y que desea menos vencer que combatir, nada tengo ya que decirle. La conducta de usted es un modelo de prudencia. Lo sería de necedad en la suposición contraria; y hablándole con franqueza, temo que se hace ilusión. Lo que yo le reprocho no es el no haberse aprovechado del momento. Por una parte no veo con claridad a qué hubiese llegado; y por otra, sé muy bien, dígase lo que se quiera, que una ocasión malograda vuelve a encontrarse, mientras que un paso precipitado no tiene remedio. Yo lo desafío ahora a que adivine hasta dónde puede esto conducirle. ¿Espera por ventura probar a esa mujer que debe entregarse? Me

