CARTA XXVII

588 Palabras
CARTA XXVII CECILIA VOLANGES A LA MARQUESA DE MERTEUIL ¡Oh, mi Dios! Qué buena es usted, señora; cómo ha comprendido que me sería más fácil escribirle que hablarle. A la verdad, lo que tengo que decirle cuesta tanto y es tan difícil. ¡Oh, sí, mi excelente amiga! Voy a procurar no tener miedo. Ademas, tengo necesidad de usted y de sus consejos. Estoy apesadumbrada. Me parece que todos adivinan lo que pienso y cuando él está allí me sonrojo, si alguno me mira. Ayer cuando me vió llorar era que quería hablar con usted; llego no sé qué me lo impidió. Más tarde me preguntó lo que tenía; saltáronseme las lágrimas a pesar mío, y no hubiera podido decir una palabra. Si no es por usted nadie iba a notarlo, y ¿qué hubiera sido de mí? Vea usted mi vida de cuatro días a esta parte. Aquel mismo día, voy a decírselo, aquel mismo día fue cuando me escribió el caballero Danceny. Le aseguro que cuando encontré su carta no sabía absolutamente lo que significaba. Pero por no mentir, no puedo decir que no haya tenido mucho placer al leerla. Preferiría tener pesar toda mi vida a que no me la hubiese escrito. Yo sabía bien que no debía decírselo y puede usted estar cierta de que le he dicho que lo sentía mucho. Él dice que no podía resistir y lo creo, porque yo no quería responderle y no he podido contenerme. ¡Oh! no le he escrito sino una vez y fue en parte para prevenirle que no volviese a hacerlo. A pesar de eso, él continúa escribiéndome, y como yo no le respondo, veo que está triste y esto me aflige mucho. No sé qué hacer ni qué partido tomar y en realidad soy bien digna de lástima. Dígame, señora, por Dios ¿habría mal en que yo le respondiese de tiempo en tiempo, solamente hasta que él tomase el partido de no escribirme más? pues en cuanto a mí, si esto continúa, no sé en lo que pararé. No sabe usted lo que he llorado al leer su última carta. Estoy segura de que si no le respondo, ambos tendremos gran pesar. Voy a enviarle a usted su carta, o a lo menos, una copia. Por ésta juzgará y verá que no es nada malo lo que pide. Si usted halla que no se debe hacer, yo le prometo de abstenerme. Creo que pensará como yo, pues no hay nada en ello. Permítame, señora, que le haga una pregunta. Me han dicho que es malo amar a alguno ¿y por qué? Lo que hace que yo se lo pregunte es que Danceny me dice que no es malo y que casi todo el mundo ama. Si fuese así, ¿por qué yo sola debería contenerme? ¿O sólo es un mal para las solteras? He oído a mamá misma decir que la señora D… ama al señor M… y no hablaba como de cosa que fuese mal hecha. Estoy cierta de que si sospechase la amistad que tengo a Danceny, se enfadaría. Me trata como a una niña y no me dice nada. Creía que al sacarme del convento era para casarme y ahora me parece que no es así. No me cuido de ello, se lo aseguro; pero como usted es tan amiga, tal vez sepa lo que hay en esto. Mi carta va bien larga, señora, mas, ya que usted me ha permitido que la escriba, me aprovecho para referírselo todo y cuento con su amistad. Quedo de usted, etc. París, a 23 de agosto de 17…
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR