CARTA XXXI EL CABALLERO DANCENY A CECILIA VOLANGES Sí, señorita, sin duda alguna seremos felices. Mi dicha es cierta, pues usted me ama, y la de usted no acabará jamás si debe durar tanto como el amor que me ha inspirado. Usted me ama y no teme ya asegurarlo. ¡Cuanto más me lo dice más contenta está! Después de haber leído aquel delicioso amo a usted, escrito por su mano, he oído a su hermosa boca la confirmación de esto mismo y le he visto fijar en mí esos hermosísimos ojos que la expresión de ternura embellecía; he recibido su juramento de no vivir sino para mí. ¡Ah! reciba usted el mío de consagrar mi vida entera a labrar su felicidad; recíbalo usted y esté segura de que no lo quebrantaré. ¡Qué día tan dichoso hemos pasado ayer! ¡Ah! ¿por qué la señora de Merteuil no tiene siempre un

