CARTA CXLI LA MARQUESA DE MERTEUIL AL VIZCONDE DE VALMONT ¡Dios mío, cuándo querrá usted cesar en sus deseos obstinados! ¡Qué le importa mi silencio? No crea que obedezca a falta de razón para defenderme. ¡Ah! así fuera. No, es que me cuesta trabajo decírselo. Hablemos seriamente; usted se engaña a sí mismo, o trata de engañarme. La diferencia entre sus discursos y sus acciones, me pone en esta alternativa de sentimientos: ¿cuál es el verdadero? ¿Qué quiere usted que le diga cuando yo misma no sé qué pensar? Usted hace un gran mérito de la última escena con la presidenta; ¿pero qué prueba nada de eso en contra del sistema de usted, o contra el mío? Seguramente yo no he dicho que usted ama a esa mujer lo suficiente para no engañarla, para no aprovechar todas las ocasiones que se le pres

