CARTA CXXII LA SEÑORA DE ROSEMONDE A LA PRESIDENTA DE TOURVEL Esperaba, querida hija mía, poder calmar sus inquietudes, y voy a aumentarlas. Tranquilícese usted, no obstante; mi sobrino en nada peligra: no puede decirse que esté en realidad enfermo. Pero algo extraordinario pasa en él. Nada comprendo, y he salido, sin embargo, de su habitación con un sentimiento de tristeza, casi de horror, que me reprocho de comunicarle, y que, no obstante, es imposible que omita en mi carta. He aquí el relato de lo ocurrido; puede estar segura usted de su fidelidad: que muchos años he de vivir para olvidar la triste escena presenciada. He estado esta mañana en casa de mi sobrino; le encontré escribiendo, y rodeado de varios montones de papel, que parecían los objetos de su trabajo. En ellos se ocupaba

