17. De rodillas

1903 Palabras

Martha Contaba las horas para poder ver a mi hijo, estaba tan contenta, sentía ansiedad casi no dormí, pero hice lo que pude. —¿Se puede saber que tienes? —me pregunta Isolda. —Voy a ver a mi hijo —una pequeña sonrisa apareció en mi rostro, aunque intenté minimizarlo. —¿Va a venir? — cuestionó curiosa. —No, me dieron un permiso especial para salir. —Cuando no— escupió molesta —los ricos siempre tienen permisos especiales. —No es porque soy rica —me quejé. —Sí, claro — mencionó con reproche. —¡Es en serio! —exclamé molesta por su tono. —Ya me dirás cuando estes fuera— replica como una sabelotodo. —Yo no tengo la culpa de que algún rico te haya hecho sufrir —intenté defenderme. —A mí no me hizo sufrir nadie, bonita. Sino que aquí adentro sabemos muy bien como es toda la movida— c

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