Edward y Grace llegaron al establo, donde encontraron a Vicencio esperando para recibir al caballo. A Edward no le sorprendió verlo allí. Vicencio, al ver a Grace, esbozó una sonrisa y se quitó el sombrero con cortesía, mientras ella le devolvía un gesto de saludo cordial sin pronunciar palabra alguna. ―Eso ha sido rápido, Langford ―comentó Vicencio, dirigiendo su mirada hacia Edward. ― ¿Ya te aburriste? Edward optó por el silencio, simplemente entregó las riendas y luego tomó el brazo de Grace, alejándose juntos de los establos. ― ¿Puedes soltarme? Ya no hay nadie mirando ―solicitó Grace. Edward la soltó y continuaron caminando hacia la casa Langford en total silencio, ella estaba inquieta, Alessandro se había escuchado tan seguro del acuerdo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuan

