Cuando abrí los ojos, me encontraba en el interior del refugio, sobre una especie de colchón. Me senté como pude: me sentía dolorida y descompuesta, pero al menos, estaba viva. Había desperdiciado la tercera vida. Nuestra última oportunidad. —¿Estás bien? —Ariel se encontraba a mi lado—. Moriste, pero reviviste. Menos mal que ganamos ese premio, sino… —dejó la frase inconclusa. No respondí. Me dolía muchísimo la cabeza. Observé el lugar: había menos de la mitad de las personas que había contado cuando ingresé al nivel. Me dolió el alma al darme cuenta de que faltaban varios ancianos. Aquellos que se encontraban sanos, estaban ayudando a los heridos. No vi a José por ningún lado. —¿Estás bien? —repitió Ariel, acariciándome el cabello—. Estuviste dormida varias horas. Él tenía los oj

