Capítulo 7: "Mariposa Negra". (Parte 3)

3388 Palabras
Seguimos al hijo de Perpetua a través de un largo y oscuro pasillo. Él chasqueó los dedos, creando una especie de antorcha luminosa con sus propias manos. Nicole pareció sorprendida, pero yo no: en Mariposa Negra, todos estaban relacionados con la magia. Al cabo de pocos minutos, encontramos una puerta plateada. Entramos. Se trataba de una sala híper tecnológica, decorada por robots, computadoras, e incluso, teléfonos móviles con la capacidad de volverse invisibles, entre otros aparatos. Sobre una de las paredes, se estaba proyectando un video caratulado como: “Mariposa Negra”. Era una ciudad futurística mezclada con magia ¿Cómo explicar su magnificencia? Los edificios resplandecían con el equilibrio justo entre la tecnología y los encantamientos. Los automóviles volaban. Las personas empleaban máquinas hasta para mover sus dedos más rápido… —Aunque no lo creas, Mariposa Negra tiene menos magia que el resto de las aldeas, por eso teme una rebelión… y el Estado se ocupa de mantener sumisos a los pueblerinos: haciéndolos trabajar catorce horas diarias con su magia para que produzcan máquinas místicas para la ciudad… En fin, sigamos avanzando. Los seres humanos, mágicos o no, eran iguales en todas partes. Mi mamá podía compararse al gobierno de Mariposa negra y yo a una simple aldeana ¿No creen? Mientras atravesábamos la sala en búsqueda de otra puerta, toqué un adorno con forma de trébol. Éste se convirtió —como si fuera un transformer—, en una especie de radio y comenzó a relatar: —Abril Julio. Nacida el sábado dos de septiembre del año dos mil. Es hija única, su madre la abandonó cuando era niña, y fue criada por su padre y su tío Pedro. Es introvertida. sus compañeros desde pequeña la han llamado: “calendario”. Poseedora de una sola amiga, junto a ella ha conseguido enamorar a cientos de mascotas. >>Su vida da un giro de ciento ochenta grados cuando es secuestrada fuera de la escuela y obligada a formar parte de un juego de prueba, para pagar las deudas de su madre… De pronto, la radio se apagó, y volvió a transformarse en un trébol. —¡No te calles! —agarré el artefacto y comencé a sacudirlo. Mi corazón latía con violencia—. ¡Quiero saber qué hizo mi mamá! ¡Quiero saber cómo salir de acá! —sollocé. De pronto, sentí una mano en el hombro. —Yo detuve al vocero. No deberías meterte con esta tecnología tramposa, pueden jugar con tu cerebro para que tomes las decisiones equivocadas —Franco me tomó delicadamente de la muñeca y me obligó a avanzar. ¿Era parte de una prueba? ¿Nadie había ganado este maldito juego aún? ¡Dios mío, las cosas estaban más complicadas de lo que pensaba! —Lo que más me asusta, es que los sirvientes de Perpetua no anden por aquí. Siempre hay guardias por doquier —agregó el muchacho. —Tengo un mal presentimiento —comentó Nicole. Salimos de esa sala y pasamos por otra, y por otra. Mis ojos no podían dar crédito a tanta tecnología. Parpadeé varias veces cuando vi una caja que decía: “Crea tu propio sistema solar”, y tenía en la portada una representación del Big Bang. Sin mencionar los lásers, las tazas, las armas, y la cantidad de cosas increíbles que había observado. Hasta pulseras que les permitían volar. Eso me daba la pauta de que Piedad era una contrincante mucho más peligrosa que todos los Mocasines juntos. Continuamos durante media hora más buscando la salida. Mi cabeza todavía continuaba dando vueltas en el asunto de la prueba y de la deuda de mi madre. Sin embargo, no quería decir nada en voz alta: cuando menos supieran los “Cabineros” sobre mí, mejor… —¡Esa es una salida de emergencia! —exclamó Franco, y se echó a correr. Justo cuando creí que podríamos ser libres, Perpetua apareció delante de nosotros, y extendió sus brazos, liberando un humo n***o tóxico que rápidamente invadió nuestros pulmones. Otra vez, el joven Escalada debía actuar como héroe… a pesar de estar dentro de una enorme celda de hierro. Pronto, vio cómo unos hombres con traje blanco ingresaban a la jaula, y sacaban unos aparatos tecnológicos, que contenían unos líquidos brillantes en su interior. Sin darle tiempo a pensar siquiera, fue atacado con una aguja. Ariel quiso defenderse, pero no pudo hacerlo. Se vio obligado a permanecer quieto y amordazado. Lo habían paralizado con una jeringa electrónica. En ese instante, abrieron la piel de Magalí con una navaja. Ella gritó. Le brotó sangre de la herida, pero la hemorragia se detuvo cuando los hombres le colocaron el líquido brillante en la misma. Le vendaron el brazo, y la dejaron allí, sin más. Su piel comenzaba a llenarse de ampollas y a tornarse morada. —Una vez terminado el proceso, su sangre mágica le dará más poder, Perpetua. Maldita visión ¡Maldita! Estábamos en una jaula gigante. Franco, Magalí, Nicole, Jacinto, Ariel y yo, nos hallábamos atrapados allí. —¡Chicos! —sollocé. —April. Ariel me dedicó la mirada más triste que pudiera haber visto jamás. Ser testigo de su angustia me encogió el corazón. Corrí hasta él y lo envolví en un fuerte abrazo. El me apretó contra sí. —¿Estás bien? —pregunté, con un nudo en la garganta—. No importa lo que pase, saldremos de aquí. Había muchas más cosas que quería decirle y no podía. De repente, escuché que alguien tosió. Perpetua. La bruja se hallaba observándonos como si fuera la audiencia de un circo… O de un zoológico. Eso me hizo acordar del primer nivel. Tragué saliva. —La jaula ¿No les despierta recuerdos? Temblé por dentro, y me alejé un paso del joven Escalada. Por supuesto que sabía de lo que hablaba. Jacinto estaba súper nervioso, y Ariel empalideció. —¿De qué estás hablando, mamá? —No sos parte de esto, Franco —se humedeció los dedos con la lengua, y luego, los chasqueó. No comprendía qué estaba ocurriendo, hasta que vi a Franco y Ariel fuera de la celda. El joven Escalada reaccionó antes que yo. —¿Qué piensan a hacerle a Abril? ¡Si le tocan un pelo juro que voy a arrancarles la cabeza…! La bruja movió sus dedos con rapidez, y una luz anaranjada brilló entre sus dedos. Pronto, Ariel fue atado con una soga y amordazado. Grité de terror. Que no pasara lo de la visión, por favor. Por favor. Al mismo tiempo, tres hombres vestidos de traje blanco (como si fueran astronautas) habían aparecido en el interior de mi celda. Los reconocí por mis visiones: eran ELLOS. Los colegas de mi madre. —Los jugadores saben exactamente qué sucederá —comentó, y rozó la yema de su dedo sobre el anillo de Mía, la reina del segundo nivel. Y en ese momento, se desató el caos… y como buena jugadora, mi prioridad era mi misión: salvar a Magalí. Los “astronautas” comenzaron a acercarse lentamente hacia la novia de Franco. Nicole, Jacinto y yo nos colocamos frente a ella, de manera protectora. Alcé mi brazo, lista para utilizar mi ataque cuando fuera necesario. Al mismo tiempo, Franco chilló fuera de la celda, sacudiendo a su madre de los hombros para que detuviera aquella locura. —¡Por favor! —suplicaba—. ¡No la lastimes! ¡Nunca te lo perdonaré! Perpetua se limitó a chasquear los dedos y paralizar al joven. —Hay cosas que trascienden el amor de una madre hacia su hijo —musitó. Lagrimeé. Había gente que pensaba así: que había cosas más importantes que amar a sus propios hijos. Por eso yo estaba aquí: porque Mariana no me amaba lo suficiente. Y a pesar del dolor que sentía, no tomaría decisiones equivocadas. Haría que el algoritmo me ayudara a salir de este juego de mierda. De pronto, el hombre más alto sacó un aparato de plata de su bolsillo, y disparó hacia mis amigos. —¡NO! El corazón me dio un vuelco ¡Mis compañeros! ¡Mis ayudantes! —Están paralizados —dijo la bruja, acercándose a la celda. Los tres tipos de blanco estaban a apenas un metro de Magalí y de mí. Podían golpearnos o inmovilizarnos, y no había mucho que pudiera hacer para defenderla… Perpetua les hizo una seña a los sujetos para que esperaran. Luego, miró a la novia de su hijo y preguntó: —¿Vas a entregarme la Mariposa Plateada? ¿Podrías decirme dónde escondiste el Corazón Prisionero? ¿Querés continuar viviendo como una marginada social, o preferís morir? Los labios de Magalí permanecieron sellados. —Franco siempre dice que no compraron el “Corazón Prisionero” en la feria, pero yo sé que vos lo tenés. Vos sos tan astuta como tu bisabuela… —No se atreva a hablar de mi familia —la mandíbula de Magalí se tensó. —Parece que te metí el dedo en la llaga —sonrió—. ¿Cómo creés que Mariposa Negra pudo sostenerse a lo largo del tiempo? ¡Gracias a la magia! La tecnología es importante, pero si no fuera por la magia… —¡Por la magia de los aldeanos! —escupió la muchacha—. ¡Ustedes los esclavizan para que no se rebelen! ¡Temen perder Mariposa Negra! Por esa razón, no puedo entregarle ninguno de mis amuletos. Jamás los encontrará. —Entonces, éste será tu final. Todo sucedió muy rápido. Cuando quise darme cuenta, el más alto de los sujetos de blanco había atrapado a Magalí debajo de sí. La mantenía cautiva con su brazo robusto, apretándole el cuello. De repente, sentí que mis músculos se endurecieron. No podía moverme. Luché con todas mis fuerzas ¿Me habían paralizado? ¡No podía ser! Quería gritarles que terminaran con esta locura, pero no pude hacerlo. El tipo abrió la piel de Magalí con un cuchillo, y sacó un líquido brillante de su bolsillo. La muchacha aulló. Entre sus gritos, pude entender que dijo lo siguiente: —¡No otra vez, por favor! Lo que había visto aquí en la jaula ¿Había sido un recuerdo de Ariel? ¡Esa muchacha no merecía morir dos veces! Luego, el sujeto insertó el líquido en la piel herida de Magalí. Quise cerrar los ojos para no ver aquella atrocidad, pero no fui capaz de hacerlo. Fui testigo de cómo le surgían ampollas en su cuerpo, de cómo su piel se tornaba de un color morado ceniciento y de sus gritos de agonía. Fue horroroso. Deseé vomitar. Y en ese momento, se me nubló la vista. Todo había cambiado en Mariposa Negra cuando la bisabuela de Magalí se las había arreglado para robar la Mariposa Plateada y el Corazón Prisionero. La madre de Franco empezó a envejecer, y su poder, a debilitarse. Perpetua asesinó a la familia de Magalí e intentó poner en su contra a casi toda la ciudad. Las aldeas alrededor de la ciudad se vieron afectadas por el deseo de poder de la gran y ambiciosa bruja. Muchos problemas sociales se desencadenaron, y Mariposa Negra ha empleado la tecnología para reprimir a los rebeldes. Por otro lado, Magalí utilizó el poder de los amuletos para ayudar a los más necesitados. Muchas familias sobrevivieron a la escasez de alimentos gracias a ella. —¿Cuándo vas a dejarme en paz? —le había gritado Magalí en la cara una tarde de invierno. —Sólo podrás descansar sobre mi c*****r, mocosa. Los “Jefes” (o “Cabineros”, o como mierda se llamen) me habían regalado la respuesta del nivel siete: había que matar a Perpetua para que Magalí pudiera estar en paz. Observé que todos estaban entretenidos viendo la conversión de Magalí, excepto Ariel. Había encontrado la forma de soltarse lentamente de la soga, sólo estaba esperando el momento adecuado para mostrar sus habilidades. Le hice una seña con los ojos, queriéndole decir: “Atacá a esa vieja de mierda”. Esperaba que él me entendiera. —Una vez que el proceso esté terminado… —comentó Perpetua, pero dejó su frase en el aire. Ariel se soltó y corrió hasta ella ¡Con una mariposa plateada en sus manos! La bruja le lanzó un hechizo que él supo esquivar con facilidad, y pronto, gritó: —¡ARMA! Combinó su viento con la magia del amuleto, ¡Y no saben lo que pasó! Magalí y Perpetua fueron intercambiadas en la jaula. La novia de Franco continuaba intoxicada, pero ahora estaba fuera de la celda, y su madre, dentro. Franco y yo, quienes habíamos sido paralizados por la bruja, pudimos movernos. Él se dedicó a tratar de curar a su amada con diferentes hechizos, mientras Ariel combinaba la fuerza de su brazalete con la magia de la Mariposa Plateada para poder liberar a Jacinto y a Nicole, quienes habían sido atacados por “tecnología” y no por magia. Mientras tanto, yo no perdí el tiempo. —¡Ataque! —una luz dorada bañó a los tres sujetos de blanco, haciéndolos desmayarse automáticamente. Perpetua soltó una risotada. —Eso no me lastimará. Los pocos niños que han llegado a este nivel no han podido tocarme con sus juguetes metálicos. ¿Pocos niños? No dejaría que me manipulara. Intenté robar las armas láser de los tipos desmayados, pero ella fue más rápida. Soltó una especie de rayo azul de su mano que prendió fuego a los sujetos automáticamente. Grité. Tenía miedo de estar encerrada allí con ella. Por un lado, sabía que Ariel lo había hecho para salvar a Magalí y así poder concluir con nuestra misión, pero por otro ¡Me había dejado a mí todo el trabajo sucio! En ese instante, Jacinto y Magalí pudieron moverse. Aprovecharon la distracción de Perpetua para lanzarles una patada cada uno, aunque la mujer utilizó su magia para empujarlos hacia atrás, haciéndolos chocar con los barrotes. Ambos cayeron al suelo, algo atontados. Esa mujer parecía intocable, invencible, inalcanzable. Hasta que… —¡April! —Ariel me lanzó la Mariposa Plateada… y un corazón con un candado. El corazón prisionero. Los ojos de Perpetua se enrojecieron. —Dame eso ya mismo, si no querés morir. —Me matarás de una forma u otra. Si los querés, vení a buscarlos. Y sin tener idea de cómo mierda funcionaban esos aparatos, decidí copiarle a Ariel: —¡Ataque! Combiné las fuerzas de la magia con mi habilidad. La luz de mi brazalete se tornó tan caliente como el fuego. Cuando tocó la ropa de Perpetua, ésta comenzó a arder. Gritó y ardió hasta que se volvió cenizas. Fue la escena más horrorosa que había tenido que ver en toda mi vida. Me sentía increíblemente descompuesta. Había asesinado a alguien. Sí, era una bruja y esto era un juego, pero sus aullidos agonizantes habían sido una tortura para mis oídos. Me quedé unos instantes agachada en el suelo, y pronto, vomité. Me sentía increíblemente descompuesta. No me había dado cuenta de que los barrotes habían desaparecido, y que Ariel había corrido hacia mí. Me obligó a ponerme de pie y me abrazó. —Has sido muy valiente —me susurró al oído—. Hiciste lo que tenías que hacer, tranquila. Magalí se salvará porque el líquido que le habían inyectado tenía la magia de Perpetua. Una vez fallecida la dueña del hechizo, éste desaparece también. Mariposa Negra podrá encontrar la paz gracias a lo que has hecho. Me eché a llorar. —¡Este juego es horrible! ¡Es una tortura! ¡El dolor y la tristeza son reales en este lugar! Él tomó mi rostro entre sus manos, y me limpió las lágrimas. —Olés a bilis —arrugó la nariz—. Será mejor que avancemos al próximo nivel para que estés limpia. Cuando salgamos de aquí… te invitaré a probar los vinos de mi viñedo ¿Qué te parece? Asentí, tratando de sonreír a pesar del dolor que sentía. —La próxima vez que quieras ganar un nivel, tratá de no dejarme encerrada en una jaula con una bruja. Esbozó una sonrisa torcida. La Puerta Dorada había aparecido a pocos metros de nosotros. Franco estaba acostado en el suelo, con Magalí en sus brazos, quien estaba volviendo a su color normal. Jacinto y Nicole estaban esperándonos. Tomé el collar de Mariposa Plateada y el Corazón Prisionero y se los coloqué en el cuello a Ariel. —Estos amuletos nos servirán en los próximos niveles. Merecés tenerlos vos. Él iba a protestar, pero le puse un dedo en la boca. —Chist. No pierdas tiempo quejándote, y vamos. Me he cansado de la moral y los acertijos de este nivel. Saludamos con la mano al hijo de Perpetua, y avanzamos hacia la Puerta Dorada. —Primero las damas —dijo Ariel. Ahora sí era bueno pasar primero. Le sonreí, y giré el pomo. Del otro lado de la puerta, era todo blanco —el color más de mierda que existía—. y de una temperatura agradable. La Zona de Transición. Pronto, unas letras azules, aparecieron en el aire. TIEMPO UTILIZADO: 5133 MINUTOS, 10 SEGUNDOS. FALLAS: 2. PUNTOS OBTENIDOS: 5000. PUNTAJE TOTAL: 8530. HAN PASADO AL OCTAVO NIVEL. —¿Cinco mil puntos? —Jacinto abrió los ojos como platos. —Buen trabajo, chicos —Nicole nos dio unas palmaditas en el hombro a Ariel y a mí—. Ustedes dos son un gran equipo. Estoy segura de que van a lograr salir de la Cabina de la Diversión. El joven Escalada y yo intercambiamos unas miradas llenas de complicidad. —Chicos, espero que no les moleste, pero me gustaría decirle algo sólo a Ariel antes de avanzar al siguiente nivel. Nicole sonrió con picardía. —Cosas de novios ¿No es así? —No seas metiche —Jacinto la regañó, y la obligó a alejarse unos metros de nosotros. Una vez que se alejaron bastante, Ariel preguntó: —¿Qué pasa? —Quería comentarte algunas cosas, pero no confío en nadie más que en vos… vos sos el único que tiene exactamente el mismo objetivo que yo y… —Entiendo, pero acordate que tenemos poco tiempo ¿Qué me querías contar? —Ellos quieren que salgamos de la Cabina. Quieren que ganemos —aseguré—. Me han enviado visiones que me han servido de mucha ayuda. Lo que pasó con Magalí vos ya lo habías vivido ¿Verdad? ¿Por eso supiste que tenías que intercambiarla con la bruja? —y dio más pistas, como sus gestos ante la aparición de Perpetua o al ver la Mariposa Plateada. —Sí. Tenés razón en todo lo que estás diciendo ¿Qué más? —La bruja dijo que habían sido pocos los niños que habían logrado alcanzar el nivel siete. —Eso es porque no todos son inteligentes como nosotros, April. Esto depende más de la toma de decisiones que de nuestras destrezas físicas. —Eso también lo noté… y algo más… ¿En qué mierda se basaron para hacer estos niveles? La cuestión de la represión social parecía súper realista. —Hay mucho que no sé, pero supongo que puede ser un mundo virtual real, o puede estar inspirado en una realidad. No lo sé —miró hacia atrás, ansioso. Sí, sabía que a él se le estaba acabando el tiempo. —Cuando intentamos escapar del castillo, un aparato tecnológico me dijo que estoy acá pagando una deuda de mi madre ¿Tenés idea de qué puede tratarse? —No sé de tu caso, pero puedo decirte del mío. Mi papá casi lleva a la quiebra a nuestro negocio familiar a causa de sus vicios. Quizás pidió un préstamo que le salió tan caro, que tuvo que pagar con mi propia vida —se encogió de hombros. Volví a abrazarlo, conteniendo las ganas de llorar. —Me siento muy mal —susurré—, pero te prometo que saldremos juntos de aquí. Él sonrió. —Ahora entiendo por qué Nicole piensa que sos mi novia, ¡Vivís abrazándome! Sabía que había dicho eso para levantarme el ánimo, pero me había hecho sentir incómoda. —Sos un idiota —lo empujé, y le saqué la lengua—. ¡Vamos al Nivel Ocho!
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