Otra vez había llegado una nueva semana y ese lunes por la mañana Alexander se levantó temprano para ir a trabajar como de costumbre, curiosamente a pesar de que no había sido la primera vez que se platicaba sobre el asunto del matrimonio, las palabras de su padre seguían más clavada que la noche anterior en su cabeza, sobre buscar a una mujer adecuada para hacerla su esposa, lo que podría sonar como una oración corta y sencilla, pero hacerlo realidad no sería tan fácil, incluso cuando su padre le había dicho que se tomara su tiempo y no tenía fecha límite para conseguirse una esposa, Alexander sentía un poco de presión porque no quería fallar o ver decepcionado a su progenitor. De manera que después de todo eso, había comenzado a comunicarse con alguien para verse esa tarde. La persona

