Después de haber terminado la llamada telefónica con su padre Alexander, regresó al gran salón y repentinamente ya estaban tocando a la puerta, sabía que ahora sí se trataba de Alejandro, su mejor amigo ya estaba allí como había prometido para ponerse al tanto y hablar un rato de cuestiones importantes o triviales. Abrió la puerta y se hizo a un lado para que entrara. Lo saludó como siempre. —¿Todo bien? —quiso saber. —Sí, aunque algunas cosas han cambiado de cierta manera, de un momento a otro y también me han tomado desprevenido. Ya te diré. Y Alejandro se le quedó mirando con curiosidad, pero no sabía que era lo que había pasado de nuevo en la vida de su amigo, y se sorprendió de qué algunas cosas fueran distintas en tan poco tiempo, ya lo sabría cuando Alexander se lo dijera.

