PRESENTE
—Dime la verdad—la voz de Hasiel suena tan imponente como siempre, se pasa una mano por su ya crecida barba para clavarme sus ojos con furia.
—Hermano…—susurró yo serio haciendo que él apriete los dientes.
—¿De nuevo mientes?—preguntó con repulsión Hasiel, recordando la primera vez que decidí dejarla marchar. No pude resistirlo y volví a por ella, ahora ella sabe la verdad y tiene el corazón roto, y ambos errores, ambos pecados son míos.
Había pasado suficiente tiempo, las identidades falsas que creamos para adentrarnos en Black Sea ya se habían vuelto inútiles, lo único que nos mantenía en la Tierra… La verdad es que ni yo lo sabía.
—No estoy mintiendo—repliqué sin mirarlo.
—¿Le borraste la memoria por segunda vez si o no?—preguntó él ignorando mi respuesta.
—Sabes que si lo hubiera hecho ella no recordaría ni su nombre… No podía hacerle eso, yo la quiero demasiado…
—¡Ósea que no lo has hecho!—gimió disgustado arrugando su nariz sin siquiera dejarme terminar, caminó de un lado a otro moviendo las manos en el aire.
—¿Puedo saber donde están Zad y Eliám?—mi voz sonó quebrantada en el fondo sabía que esta vez mi hermano mayor no dudaría en hacerme llegar el castigo.
—¡Des de cuando te importa!—gritó con amargura él parándose en frente de mi—La culpa es mía por haber creído que podrías alejarte de ella… Este tiempo en la tierra te ha hecho perder el norte, Arek. Definitivamente has perdido todo rastro del hijo de uno de los arcángeles a convertirte en cualquier caído sin rango ni poder…—añadió.
—No cambies de tema. Se que este tiempo mis hermanos han estado ausentes—respondí yo en un intento precisamente de cambiar de tema.
—Tu también lo has estado, ¿Qué has hecho estos cinco meses? ¿Boxear como un energúmeno? ¡Gran labor ángel de dios!—respondió con fría indiferencia en la voz como si no pudiese creerse hasta que punto habíamos llegado.
—Hasiel—su nombre sale de mi boca aún cuando tengo los dientes la custodian.
—Arek—me fulminó con la mirada con desprecio—No tengo nada que decir… Esa pobre humana ha sido—no dudó en tomarlo por el cuello de su camisa sin dejarlo si quiera terminar, él me mira con los ojos como platos.
—Dos cosas, la primera, esa humana tiene nombre, y la segunda es que no finjas como te importara realmente cuando no lo hace. De hacerlo no me habrías pedido que le hubiese borrado la memoria y abandonado en primer lugar ni me hubieras pedido que lo hiciera por segunda vez aún sabiendo las consecuencias—respondo yo con rabia, finalmente lo dejo ir y él se sacude la camisa y el traje.
—Estos cinco meses Eliám y Zadkiél han estado investigando la casa donde vivía ella—respondió él sin mirarme—Era mucho peor de lo que creías… Tu sospecha era cierta—añadió ahora mirándome con seriedad—Dejaré pasar tus faltas, al menos de momento, reza porque dios lo haga, porque ahora esa mujer carga un corazón roto y piensa que estás majareta, hay un ángel de la guarda cuidando de ella, no ha querido decirme la razón de su llegada porque las ordenes vienen de arriba…—hace una pausa cambiando a una expresión mucho más dura—Eso significa que una de dos, o estoy involucrado en este problema o esa niña esconde algo mucho más profundo, a mi juicio es una mezcla de ambas—Así que si, esa humana nos dará problemas—finalizó posando esos ojos casi tan grises como las cenizas en mi con una actitud que no conseguía descifrar.
Pronto el ruido de unas llaves posarse en la entrada y los pasos apresurados de alguien, nos hacen voltearnos en busca del recién llegado. Mis ojos se salen de órbita cuando observo con horror como Eliám cargaba a Zadkiél en brazos, éste tenía las gafas rotas, y el pecho herido.
Rápidamente en cuestión de segundos Hasiél despliega las alas y de un salto se coloca frente a sus hermanos con seriedad, yo camino hacia ellos con la misma emergencia.
—Es peor de lo que creíamos… Están en Black Sea, debemos volver ahí, nos han atacado por la espalda cuando nos metimos en el descampado que están usando…—pocas había visto a Eliám tan preocupado por Zadkiel como en esos instantes, nadie adivinaría que disfrutaran incordiándose mutuamente como Tom y Jerry, pero ahí estaba. Con el corazón desbordado, la respiración ajetreada, herido, aún así no descansó hasta cargar a su hermano a ese viejo sofá que habíamos conseguido de una de las vecinas en un intento de ganarse nuestro amor. La única forma de que un ángel sea herido es cuando es atacado por otro ángel.
—¿Qué ha pasado?—preguntamos Hasiel y yo prácticamente al unísono.
—Definitivamente Hank Muldano murió mucho antes de suicidarse de un tiro, su cuerpo ahora es el recipiente de nada más ni nada menos que Azazel Bellial. Los cambios que debió experimentar Aba en el carácter de ese hombre era fruto de que este demonio ya estaba ganando terreno, ya sabéis como funciona…—no pudo terminar, Hasiel no dudó en quitarle la camiseta a Zad para tener un mayor y mejor acceso a la herida.
Los ángeles, entre toda la creación de dios, somos los seres más benevolentes, benevolencia que también se nos aplica en cuestión de posesión. Para que un ángel sea capaz de poseer a un humano, necesita una aceptación y confirmación de dicho humano. Por ello, los ángeles tendemos a buscar cuerpos entregados a las creencia del creador, personas de fe, a los cuales fácilmente pueden exponerse sin temor a que seamos rechazados. Ante los ojos de dichas personas, los ángeles se muestran como susurros en el viento o estelas en el cielo, siempre denotando una fuerte luz sagrada capaz de cegar a aquel no creyente.
Buscamos humanos compatibles con nosotros mismos, ya sea por desbordar compasión, amor o dulzura, o en el caso de Archie Hayek, tozudez, valentía y resiliencia. Una vez aceptó la petición, yo puedo entrar en su cuerpo, el ángel en cuestión se hace con el control absoluto del mismo. Los ángeles son los únicos poseedores que no crean ningún tipo de daño al humano debido a que no los fuerzan a retenerlos en su cuerpo. En cambio los demonios, son tan miserables, egoístas, y descaradamente visibles que a ojos de los humanos se les ha hecho películas, series y libros.
—Nosotros usamos a los creyentes, y ellos usan a los pecadores. Además era lógico que al haber quedado herido se tratara de otro ángel…—respondo yo sin poder creer lo que estaba sucediendo, de repente la mirada se me nubla, haciendo que mi cuerpo empezara a temblar levemente.
Veo a mis hermanos dejar de lado a Zadkiél para intentar gritar mi nombre pero yo no les hago caso, siento demasiada pesadez. Como si el recipiente, el cuerpo de Archie Hayek, estuviera intentando recuperar su cuerpo.
Finalmente todo se vuelve blanco.
—¿Pasó algo Archie?—pregunto en voz alta mirando hacia todos lados en busca de él.
—Sí, mis hermanos y yo os estamos agradecidos por habernos ofrecido una segunda oportunidad tras ese accidente de coche en esas carreras esa noche, nos salvasteis de ir al infierno, y ahora estamos aquí…—la voz de Archie se hace presente, es suave y alegre, como si de verdad ya estuviera en paz.
—¿Entonces?—preguntó yo sin dejar de dar vueltas sobre mi mismo.
—Es Aba…—habló él.
—¿Qué pasa con ella?—pregunto.
—Aba carga con ella la desdicha. He podido verla través de ti, esa mujer esconde muchos secretos, tan secretos que ni ella misma conoce. Tienes que estar alerta…
—¿Para esto me llamas?—pregunto con molestia.
—Oye cabrón, no seas desagradecido. Te estoy dando más margen en mi cuerpo—afirmó él con desagrado perdiendo todo rastro de calma y bondad de su voz.
—Eres un niñato malcriado cuando te escuchen por ahí hablar así sentirás el calor de las llamas, Archie.
—Me alegra que me llames Archie, porque Archie Hayek soy yo. Tú eres Arek, no lo olvides. Deberás recordarlo si lo que quieres es llevar todo esto a buen puerto…—respondió la voz.
—¿Quién te manda?—pregunto yo con despreocupación mientras tomo aire con fuerza.
—¿A caso importa?—respondió Archie con malhumor.
—Claro que lo hace. No me llamas des de la vez que hice el amor con Aba…—
—¡Pues claro que debía llamarte, te la follaste con mi cuerpo cabrón!—respondió incrédulo para finalmente proseguir—¡Haces que pierda los estribos!—añadió con malhumor desesperado.
—De nada. El pecado es tuyo…—afirmé con una sonrisa encogiéndome de hombros—Pero el placer fue mío.
—¿Sabes qué?—hizo una pausa como si estuviera hablando con alguien más—Finito, adiós, Arek, cuida bien de nuestro cuerpo…
—Eso hago, cuídate Archie—sonrío finalmente cuando de repente de la misma manera que todo empezó a temblar y volverse blanco, las cosas volvían a su sitio y mis parpados volvían a abrirse.
—¿Qué ha pasado?—pregunta Zadkiel preocupado como si incluso en momentos como ese, mi bienestar y el del resto estuviera por encima del suyo. Siempre tan digno de ser llamado un ángel de dios, no como yo y el incompetente de Eliám. Bueno, al principio siempre fue él. Luego yo. Y ahora somos los dos.
—Nada, Archie y sus hermanos nos mandan saludos desde el más allá.