Decidida, voy hacia los estantes y empiezo a mirar una a una las etiquetas. La verdad es que no conozco a su hermana Marie. Tampoco sabía que tenía una. Es lógico que no sepa nada de él, más que lo necesario, pero asumo que ella debe tener el mismo gusto lúgubre que Junot, por lo que cualquiera que elija de seguro no lo aprobará, y acabará estando de acuerdo con la diseñadora, que es la experta. Mientras miro los muestrarios trato de pensar en que le gustaría a un Junot que tuviera mi edad, luego deshago la idea imaginando que seguro viene amargado de cuna, y de joven ya era un huraño consagrado. Con ese divertido pensamiento decido en lo que me gustaría ver a mí en mis paredes si mi madre me dejara redecorar mi habitación. Algo que no pasará porque ha dicho que lo que tenemos ahora n

