—“Kyoko, lo siento” —, su voz estaba impregnada de dolor. —“Es un truco” —, susurró Kyoko. —“Debería ser yo la que lo sintiera. Es mi sueño al que Hyakuhei robó la visión” —. Se le encogió el corazón al confesar su secreto, preguntándose qué pensaría él de ella ahora. Los ojos de Shinbe brillaron con lágrimas que él sabía que no saldrían cuando ella intentara asumir la culpa de la visión. Su cuerpo se estremeció y se apretó contra el de ella mientras susurraba: —“Yo estaba allí, Kyoko. Recuerdo cada detalle, cada caricia. Fue muy real” —. Apretó los dientes, sin soltarla, y esperó a que la tierra se le viniera encima. Kyoko no movió ni un músculo al abrir los ojos, solo para descubrir que la visión había desaparecido. Shinbe se equivocaba. Era imposible que fuera real, porque había des

