Una fuerza desmedida y la lujuria corriendo por sus venas. Nicholas olvidó el peso de quien era. No solo era un escritor reconocido que extrañamente se hacía sombra de sí mismo, ahora era el tipo que contra toda moralidad, se traicionaba. —Nicholas, no, espera… Nic… —Un sollozo, una advertencia o patadas de ahogado, eran las palabras de Índigo. Mientras luchaba por no respirar aquel aroma que tanto había anhelado, ese que durante la ausencia de Nicholas se intensificaba en sus sensaciones. El escritor besó su labios, con fuerza con la intención de someterlo, con la idea de dejar muy claro quién tenía el poder. Nicholas se sentía, burlado, después de todo las noticias que en ese mismo instante ya conocía, no lo dejaban en una posición de poder, sino todo lo contrario, se sentía como un p

