La mirada de Índigo dijo más que cualquier palabra, Alondra tocaba a la puerta, parecía que en ese instante todo estaba perdido, nadie había ganado, el muchacho tenía los pantalones abajo y el escritor, metía su pedazo de carne en la boca de Índigo, si, con todo y la voz de Alondra detrás de la puerta. Nicholas, puso su índice en sus labios, muy despacio sacó parte de él de la boca del joven aspirante a escritor. lo miró y lo alentó a guardar silencio. —Se irá, espera un poco —dijo en un susurro, Nicholas no estaba seguro de sus palabras, pero trataba de mantener la calma, la puerta cerrada, aunque sin seguro era el mayor de los peligros. Si Alondra hubiera decidido tomar el pomo de la puerta, y girarlo, no solo se derrumbaría el secreto que Índigo, poco a poco alimentaba con su silen

