51— El cofre que nunca se cerró

1843 Palabras

CAPÍTULO — El cofre que nunca se cerró Esa noche, cuando el silencio finalmente se instaló en la casa y Benjamín durmió abrazado a su osito, Erika cerró los ojos creyendo que el cansancio iba a vencerla rápido. Pero el cuerpo descansa cuando puede; el corazón, en cambio, tiene sus propios horarios y sus propias deudas. El sueño la encontró despacio, como si supiera que debía entrar con cuidado para no romper los fragmentos de una mujer que por ahora se mantenía en pie de nuevo ahora. Soñó que volvía a la base naval. Nada era como ahora. No había miradas tensas de oficiales que no sabían qué decir, ni murmullos en los pasillos, ni esos pasos que dolían al resonar en el concreto. Era la base de antes, la de los días en que el nombre de Thomás era su refugio y no su herida. Caminaba por e

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