A los cinco minutos que Gabriel saliera de la habitación, fui hasta el baño, hice mis necesidades y me arregle un poco el cabello, siempre que me despertaba, parecía una loca por tener los pelos de punta. Empecé a sentirme nerviosa, no sabía si debía salir de la habitación o quedarme en ella para refugiarme. He estado durmiendo veinticuatro horas en la casa de un completo desconocido, me alegra saber que mi ropa está intacta, excepto por mi bata que estaba en la silla al lado de la cama. Tomé valor y salí de la habitación de aquel hombre, por una extraña razón el saber que estaba aquí, en su casa, me ponía extremadamente nerviosa. Debía salir pronto de esta casa y volver a mi departamento, para regañarme por haberme exigido hasta colapsar ya que, gracias a mi imprudencia, ahora me encu

