Adara. — Deja de hacerte la tonta, Adara. Se lleva las manos al cabello y los estira para atrás, no sé qué es lo que quiere exactamente, si ambos sabemos que esto no llegará muy lejos, no podemos. — No me hago la tonta, soy realista. Me defiendo y sonríe lleno de ironía. — ¿Te das cuenta que si accedieras a mi petición, podríamos ser felices? Se acerca un paso y suspiro para tratar de calmarme. — Eso no sucederá, Sander, es mejor que dejes el tema. Me mantengo firme ante él, aunque, una parte de mi mente ya comienza a preguntar, y, ¿si él tiene razón? — Bonita, ¿es que acaso es tan difícil que lo admitas? Sus ojos me transmiten una tristeza que siento como mía mientras mis ojos se van llenando de lágrimas. — No sigas por ese camino. – hablo con la voz temblorosa. Aco

