Sofía despertó con dolor de cabeza. Todo estaba borroso. Oscuro. Olía a humedad y metal. Intentó mover las manos. Atadas. Los pies también. Pánico. Respiró profundo, obligándose a calmarse. Piensa, Sofía. Piensa. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? Fragmentos de memoria: el estacionamiento. Mikhail peleando. Hombres. Algo sobre su boca. Mikhail. —¿Mikhail? —llamó con voz ronca. Silencio. Sus ojos se ajustaron a la oscuridad. Estaba en una habitación pequeña. Paredes de concreto. Una puerta de metal. Sin ventanas. Y estaba sola. Instintivamente, su mano libre fue a su vientre. Ocho semanas. Su bebé. Por favor, que esté bien. Por favor. La puerta se abrió con un chirrido. Luz cegadora. Sofía parpadeó, tratando de enfocar. Una figura en la puerta. Mujer. Alta. Rubia. —Buenos dí

