Alexander llegó al consultorio médico en tiempo récord. Entró como un huracán, con Dimitri y cuatro guardias detrás. Valeria estaba en la sala de espera, pálida. Cuando lo vio, se puso de pie y él la envolvió en sus brazos. —¿Estás bien? —Estoy bien. Pero Alexander, ¿cómo supo sobre el bebé? —Nos está vigilando. Nunca dejó de hacerlo. Dimitri mostró su teléfono. Era la foto que Volkov había enviado: Valeria entrando al consultorio, fecha y hora visibles. —Tomada esta mañana. Desde el edificio de enfrente. Alexander sintió furia quemándole las venas. —Se acabó. No voy a esperar a que ataque de nuevo. —Alexander, la tregua... —¿Qué tregua? ¡La rompió cuando amenazó a mi hijo! Valeria puso una mano en su brazo. —¿Qué vas a hacer? —Terminar esto. De una vez por todas. En la penth

