Sentada en el cómodo sofá, me quedo callada en espera a me diga algo. Me analiza a detalle, buscando en su mente las palabras correctas para no hacerme sentir más miserable de lo que ya me siento. En cuanto me vio de pie a la puerta de su departamento, sus ojos se abrieron bien grandes. Sé que debo de lucir como la mierda justo ahora, estoy segura de eso, aunque no lo diga. Mi pequeña Min suele ocultar cuando algo le impacta, cosa que no sucedió en cuando me abrió la puerta. —¿Todo eso pasó? Asiento dejando salir mis lágrimas. No lloro por desamor, eso ya lo lloré cuando comenzamos esta insana y dependiente relación. Lloro por la impotencia que tengo de permitir que todo se saliese de control. Lloro porque soy la madre de un maravilloso niño que de seguro me esperará mañana para ir a cl

